Día del y la Periodista 2016

Como todos los años nos volvemos a encontrar en nuestra plazoleta, la que tiene a Rodolfo Walsh velando por que cumplamos con nuestro rol ante la sociedad, que informemos con una postura crítica frente al poder y con sensibilidad social.

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Aunque hoy es un día para que festejemos, poco es lo que podemos celebrar. Nuestro trabajo es contar historias. Las historias de nuestros vecinos, nuestros gobernantes de lo que pasa en el mundo. A diario informamos sobre las luchas y reclamos gremiales de otras actividades, pero cuando queremos hablar sobre lo que nos pasa, los mercaderes de la información nos silencian los micrófonos bajo el argumento de “no hacemos periodismo de periodistas”, una de las tantas formas que el poder mediático tiene de invisibilizarnos.

Este 2016 encuentra al colectivo de periodistas en las peores condiciones de la última década y media: vemos como decenas de medios de todo el país cerraron sus puertas luego de que los empresarios se fugaran con sus riquezas dejando en el abandono a cientos, miles de colegas; vemos como crece la censura impuesta por las propias empresas o los gobiernos. Sin ir más lejos el gobierno Nacional impulsa leyes en el Congreso que restringen nuestra actividad –como el protocolo antipiquete o el proyecto de ley de blanqueo, que pena con dos años de cárcel a quien difunda datos de los que adhieran al programa- o anula artículos de la Ley de Medios para que los medios audiovisuales no necesiten tener programación, permitiendo el crecimiento de los grupos concentrados y la instauración de los discursos hegemónicos desde la capital federal del país; nos vemos amenazados por las nuevas tecnologías, que no solo modifican nuestra forma de contar las noticias, sino que impone nuevas reglas laborales, como la multifunción, y abre la puerta a la precarización laboral. Miles de colega en todo el país hoy son sometidos a extenuantes jornadas de trabajo haciendo decenas de funciones por un salario que no alcanza al mínimo vital y móvil.

 

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En los últimos seis meses hemos perdido más de 2.700 puestos de trabajo. Son 2.700 hombres y mujeres que hoy no tienen como llevar comida a sus casas, darles un futuro a sus hijos o desarrollar con dignidad su profesión, esa que tanto nos apasiona. Cada puesto de trabajo que se cierra es un lugar que se pierde. La política de los medios es desinformar y obtener ganancias a cualquier costa, eso incluye perder calidad periodística y achicar costos reduciendo sus plantillas de empleados. Las viejas generaciones, que aprendimos con la máquina de escribir y el grabador en casete nos enfrentamos con las nuevas generaciones, nacidas en las nuevas tecnologías, por un lugar donde trabajar. Pero todos nos chocamos con los mismos obstáculos: no importa lo que sepamos, sino lo barato que seamos.

Aunque nuestro estatuto, el del Periodista Profesional, cumplió 73 años de vigencia el último 25 marzo, las empresas insisten en desconocerlo y semana a semana se esfuerzan por violar alguno de sus artículos, obligando a nuestros compañeros y compañeras a estar mal categorizados, a que trabajen horas de más, a que deban sacrificar sus francos por migajas, a sus notas sean copiadas hasta el hartazgo sin siquiera ser reconocida su tarea, entre los tantos males que nos aquejan.

Las leyes nos protegen, pero hasta el ministerio de Trabajo parece olvidarse, ya que hace la vista gorda ante la persecución que sufren cientos de compañeros y compañeras solo por participar de actividades gremiales, ser delegados, dirigentes sindicales de base o simplemente por pretender que se cumplan con sus derechos.

Las grandes corporaciones mediáticas ya no esconden las amenazas a sus empleados y empleadas cuando se atreven a respaldar públicamente en sus canales de televisión algún reclamo, si hasta hacen cómplices a sus audiencias de estos apriete. La presentadora del noticiero de Canal 13 Silvia Martínez Cassina lo vivió en carne propia.

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Los grupos de poder –económicos, políticos, militares- aprovechan la connivencia de los dueños de la palabra para imponernos posicionamientos ideológicos contrarios a nuestra postura. Salvo honrosas excepciones, como la redacción del diario La Nación a pocas horas de asumido el nuevo gobierno, nadie protesta por ello. Es que el miedo a perder nuestros empleos puede más que nuestras propias convicciones. Y es entendible: es que somos dispensables, reemplazables. Pero tenemos que alzar nuestra voz y ser dignos de nuestra profesión. Somos herederos de periodistas de la talla de Mariano Moreno, Roberto Arlt, Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo, Osvaldo Bayer, Osvaldo Soriano y de nuestro Abel Cháneton, honremos su memoria ejerciendo nuestra profesión de la manera más honesta y comprometida posible.

En Neuquén también sufrimos esta crisis. En una provincia donde el petróleo manda, nuestros magros ingresos nos hunden en la pobreza. Si pagar el alquiler de una casa y hasta un monoambiente es una misión imposible para cientos de nuestros colegas, acceder a la vivienda propia es simplemente una utopía. Los pocos afortunados que perciben un salario a duras penas pueden afrontar el alto costo de la canasta familiar local. Llegar a fin de mes implica, para muchos de nosotros, tener más de un trabajo y cumplir largas jornadas lejos de nuestras familias o resignar días de descanso.

Para los que no cuentan con un empleo remunerado, el escenario es peor. Deben facturar, contratar espacios radiales y vender publicidad solo para ejercer el periodismo, quedando sometidos a los abusos de los inescrupulosos titulares y usurpadores de licencias audiovisuales. Ven como se vulneran sus derechos de laburantes y periodistas sin siquiera poder protestar, porque si no son sometidos a la guillotina de la censura y removidos del aire. En estos medios la libertad de empresa reina sobre la libertad de expresión.

Los multimedios locales también aprovechan sus múltiples plataformas para obligar a sus periodistas a conducir programas radiales mientras se emiten por televisión, a que cumplan funciones de movileros, que con cámaras en mano saquen fotos y filmen actos del gobierno y que después escriban una nota para los portales, no sin antes haber tuiteado la noticias y colgado en Instagram la foto o el video, todo por mínimo sueldo. No contentos con esta precarización, someten a sus periodistas a una constante persecución ideológica y sindical, para impedir tenga ánimo de exigir condiciones dignas de trabajo y salarios justos por las tareas que desarrollan.

Las radios son nuestra principal fuente de actividad laboral. Sin embargo, muchos empresarios prefieren emitir los discursos unidireccionales de los medios hegemónicos antes que apostar por producir contenidos locales. De esta forma se nos restringe el trabajo y se priva a la sociedad de otras voces, las propias de cada localidad. En los pocos casos de radioemisoras con producción, los mercaderes de la noticia desconocen nuestra función y prefieren categorizarnos como técnicos, empleados de comercio o de espectáculos, en el mejor de los casos como locutores, así vamos perdiendo derechos e ingresos. Aquí también se imponen las nuevas tecnologías, lo que obliga a los y las colegas a producir notas, cubrir con el móvil, sacar fotos, editar audios, redactar noticias, colgarlos en las páginas web y las redes sociales y hacer columnas varias a todos horario.

En los diarios el escenario también es complejo. Aunque las empresas cumplen con el convenio de trabajo, abusan de su posición cuasi monopólica para cometer constantes abusos. No encuadran correctamente a sus periodistas y los hacen cumplir funciones que son más altas que el sueldo que cobran, o los degradan porque reclaman la categorización. También los cambian de sección una y otra vez sin ningún tipo de consultas o explicaciones. Modifican las jornadas de trabajo sin ningún tipo de problemas, violando claramente lo establecido en la ley 12.908, nuestro Estatuto del Periodista Profesional. En la región también debemos vivir una notoria postura sexista en las conducciones, ya que en ninguna de las dos redacciones hay mujeres en puesto de liderazgo.

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Los diarios son los decanos de nuestra profesión, donde nació el periodismo. Pero hoy están heridos de muerte. La tecnología los está transformando, para bien y para mal. Las empresas hoy exigen que los periodistas nos aggiornemos a esta realidad, pero no nos capacitan ni nos reconocen mejoras salariales por la mayor demanda de notas. Para cubrir esta transformación salen a buscar a noveles periodistas, que por migajas son moldeados en las nuevas tendencias: precarización, sometimiento, obediencia indeclinable y absoluta predisposición a la multifuncionalidad.

En la televisión, el más poderoso de los medios actuales, a estos mismos problemas se le suma la negativa de las empresas a querer reconocer a sus periodistas como tales y les niegan toda posibilidad de fijar un convenio por actividad. Prefieren pagarles como técnicos o locutores para no reconocerles sus derechos de periodistas.

La misma situación viven los y las colegas de la prensa institucional, ya sean de los gobiernos o los dirigentes políticos. Todos los usan para salir en los medios, pero ninguno quiere reconocerles la profesión que ejerce ni pagarle un salario digno. También deben hacer frente a la competencia desleal que significa que su puesto sea cubierto por algún amigo, familiar o militantes sin experiencia o formación.

Claro está que hay honrosas excepciones. Hay medios que hacen de la pluralidad de voces su mayor virtud y del compromiso con la calidad periodística un dogma, pero en este mar de mediocridad empresarial comunicacional, son los menos.

Somos profesionales altamente calificados, pero despreciados por nuestros patrones, que no someten a quieren pagarnos como obreros no calificados. Con urgencia debemos reclamar por nuestros derechos y mejores condiciones salariales. Salgamos a la calle a contarles a la sociedad cuales son nuestros problemas, ya que a diario somos nosotros quienes informamos sobre las luchas de los otros gremios y sectores sociales, pero los medios hegemónicos, esos que manejan la agenda noticiosa local, nos callan y nunca contarán lo que nos pasa. Por eso los invito a que este miércoles 8 de junio salgamos a la calle a marchar, a que participemos de la movilización nacional de prensa para decir basta de sueldos miserables, basta de precarización, basta de despidos, basta de censura. Marchamos porque defendemos la libertad de expresión, porque exigimos sueldos acorde al costo de vida de nuestra región, porque queremos que se nos pague la zona desfavorable y se cumpla la plena vigencia de todos los convenios de trabajo para la prensa gráfica, radial y televisiva. Por eso, mañana todos a la calle, para alzar la voz y que los dueños de la palabra no nos puedan callar.Neuquen Acto 7 de junio día del periodista Plazoleta Periodistas Neuquinos Sindicato de Prensa de Neuquén 013

Por que como decía Walsh: “El periodismo es libre o es una farsa” y “sin periodistas no hay periodismo, y sin periodismo no hay democracia”.

Feliz día para todas y todos los periodistas. (Discurso de Flavio Ramírez -secretario general del Sindicato de Prensa de Neuquén- en el busto Rodolfo Walsh, 7 de junio de 2016)

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

7 junio 2015