El jueves 6 de mayo hicimos historia. Dejamos de ser individuos asustados sentados pasivamente en nuestros lugares de trabajo para transformarnos en un colectivo de trabajadores. Nos dimos cuenta que el compañero de al lado sufría en silencio nuestros mismos problemas.
Comenzamos enviando una diplomática carta de disconformidad, luego remitimos otra no tan amigable, después nos animamos a hacer una retención de tareas por 4 horas, luego fueron más, con una manifestación frente a los dueños de la empresa. El 6M, sin tener la certeza de saber si estábamos preparados, por primera vez logramos realizar un paro de 24 horas con una contundente adhesión.
No alcanzamos a detener el rotativo papel ni desconectar el sitio web, no era ese nuestro objetivo. Conseguimos que durante una jornada de trabajo, nuestros jefes realicen nuestras tareas diarias. Una experiencia que los forzó a desarrollar su empatía y darse cuenta de cómo le ponemos el hombro una actividad que no es remunerada como corresponde. Demostramos que compartiendo nuestros temores, discutiendo qué se puede hacer en conjunto e impulsar decisiones consensuadas, se logra un poder colectivo inigualable.
A nuestros colegas trabajadores/as de prensa de otros lugares del país queremos expresarles que nuestra apasionada tarea está en una situación crítica. Nos hemos precarizado, y en parte fue por nuestra propia inacción. Un error que supieron aprovechar nuestros empleadores.
Para poder sobrevivir como trabajadores asalariados y para que vuelva a ser digna nuestra profesión tenemos que despertar, hacer una profunda catarsis entre compañeros/as de redacción y comenzar a ver qué se puede hacer progresivamente. Cada pequeño paso hacia adelante es un gran logro. Hacer una movilización, efectuar una medida de protesta le da más herramientas a nuestros sindicatos de base para conseguir un salario digno. No podemos seguir esperando cruzados de brazos sin saber por qué salimos perdiendo siempre en los acuerdos paritarios.
Somos pocos, pero si cada pequeño grupo comienza a animarse, generaremos un efecto multiplicador que no podrá detenerse.